Cheque dado a sabiendas



CHEQUES SIN PROVISIÓN Y CHEQUES DADOS A SABIENDAS

La idea es que el art. 302 del C.Pen. argentino está inspirada en el funcionamiento de la ley comercial tradicio­nal. Hay que partir de que el cheque es una especie del gé­nero de las órdenes de pago y que estas últimas tienen cier­to parentesco con la letra de cambio cuyas reglas, en defi­nitiva, y con ciertas excepciones, tienen que aclarar cual­quier dificultad interpretativa.
La figura básica es, a mi entender, y tal como figura en el Código Penal Modelo del American Law Institute, la del inciso 2do. Se trata de dar una orden sabiendo que el girado no puede atenderla. El "a sabiendas" sirve para recalcar que se castiga el hecho doloso y no la simple negligencia. Si el librador ignoraba la insolvencia del girado está claro que no incurre en delito pero si estaba informado si lo hace.
El caso más característico y obvio en que ocurre esa situación es cuando el librador no tiene provisto de fondos al girado ni está acordado con él para que le atienda las órdenes a crédito ¿Qué otra cosa es ordenar pagar a quien se sabe que no tiene provisión ni compromiso de atención, que hacerlo a sabiendas de la imposibilidad de pago?
Es claro que entonces la hipótesis del primer inciso resultaría redundante. Es más, sería incomprensible que se previera el castigo de un comportamiento cuando concurran determinados requisitos objetivos si ese mismo comportamien­to se encuentra igualmente castigado de manera genérica sin esos requisitos.
La interpretación armónica de ambas disposiciones es perfectamente posible, sin embargo, si se entiende algo bas­tante lógico. Cuando el ordenante tiene establecida una cuenta corriente con el girado y cuando, obviamente, alguna provisión de fondos le ha hecho o alguna autorización de giro ha acordado, es muy fácil que pueda incurrir en error. Un comerciante que se supone que gira pagos de distinta ín­dole tiene que llevar anotaciones ordenadas. Pero ¿si no lo hace? ¿por eso solo incurre en delito? En otras palabras, la posibilidad de invocar el error en esos casos y el carácter garantista del Derecho Penal crean una situación difícil de demostrar. Establecer una modalidad culposa, es decir casti­gar por la negligencia de ordenar el pago cuando debía cono­cerse el estado de cuentas con el girado, sería excesi­vo.
Frente a esa dificultad la ley optó por una variante que es, en definitiva, la que consagra el inciso 1ro. Cuando el ordenante carece de suficiente provisión o acuerdo de giro, se presume que lo sabía al ordenar el pago si, des­pués, cuando se entera que el girado se rehusó, no subsana el error en un cierto lapso.
De esa manera no se elimina por completo la superposi­ción de ambos incisos pero se permite un deslinde bastante coherente. Si es posible demostrar el conocimiento anticipa­do de su estado de cuentas por parte de quien da la orden, no hace falta nada más para el castigo. Pero si no puede partirse de esa demostración, únicamente podrá entenderse incurrido el delito después de verificar la actitud que a­dopte al enterarse de que su orden fue rehusada.
Tal vez esta interpretación de lugar, por un lado, a nuevas justificaciones o disculpas y, por el otro, a nuevas posibilidades de incriminación. Estoy convencido de que am­bas son convenientes. Si de verdad se incurre un error es apropiado que pueda hacérselo valer. Y si puede establecerse claramente que quien ordenó pagar un millón jamás depositó más de cien también es apropiado el castigo pese a que no haya interpelación.