La construcción social y política del enemigo: los judíos y los conversos


Capítulo IV- La construcción social y política del enemigo: los judíos y los conversos
Por Fernando Susini

Importancia de los pogromos del año 1391.
Primeras conversiones en masa


Es difícil establecer cuando comenzó el odio popular hacia los judíos demostrado en las matanzas y conversiones forzadas producidas en 1391[1], puesto que a excepción de los ataques esporádicos durante la guerra civil inmediatamente anterior, no se habían registrado desde las revueltas de Toledo de 1109, casi trescientos años antes[2].
Los judíos de la península Ibérica constituyeron la comunidad judía más grande del mundo medieval europeo, pero comparada al número de musulmanes y cristianos que habitaban los territorios que hoy ocupan España y Portugal, era, sin embargo, mucho menor.
Durante largo tiempo, el estrecho contacto entre las diversas comunidades religiosas que coexistían en la península, había conducido a la tolerancia mutua. Desde el siglo VIII los cristianos vivían bajo el dominio musulmán -los llamados mozárabes- y los musulmanes bajo el dominio cristiano -los llamados mudéjares-, lo que llevó a afirmar a los historiadores que el alto grado de coexistencia era un rasgo único de la sociedad peninsular[3].
Al igual que kamen[4], entendemos que “la noción de cruzada estuvo ausente durante mucho tiempo en las etapas más tempranas de la denominada Reconquista, de modo que las diferentes comunidades de España sobrevivieron en una sociedad relativamente abierta”.
Pero mientras los cristianos dieron forma al mito de “Santiago matamoros”, afirmando que el cuerpo del apóstol de Cristo había sido descubierto en la ciudad de Compostela, en el Al-Andalus, la invasión de los musulmanes provenientes del norte de África, más rígidos en sus creencias –los almorávides a finales del siglo XI y los almohades a finales del XII- hizo agudizar la lucha.
Recordemos que en 1212 se enfrentaron almohades y cristianos en la famosa batalla de Las Navas de Tolosa, en la que el triunfo de éstos fue interpretado como una señal divina del camino correcto.
Al promediar el siglo XIII, los musulmanes sólo conservaban el reino de Granada. Es posible afirmar entonces que, al comienzo del siglo XIV, aquel orden social en el que tuvo lugar la coexistencia de comunidades religiosas, se había transformado absolutamente en la península; la nueva imagen social que se había construido era la del pueblo cristiano guerrero o dedicado al trabajo de la tierra, el “moro”, peón en la labranza, y el judío, hábil técnico y agente del fisco, habitante de la ciudad.
Los sangrientos ataques a judíos o pogromos del año 1391, comenzaron el 4 de junio con el asalto a la aljama o judería de la ciudad de Sevilla.
Como resultado de aquellos ataques, miles de judíos, en su mayoría hombres, fueron asesinados. Otros, entre los que además se cuentan mujeres y niños, fueron apresados y vendidos como esclavos, pero, no menos de 20.000 personas se apresuraron a expresar su consentimiento para ser bautizados conforme las leyes cristianas y de esta manera salvar sus vidas[5].
Rápidamente los ataques a los barrios judíos se repitieron por todo el Arzobispado de Sevilla, pasaron a la ciudad de Córdoba y pueblos cercanos. Luego, el brote se extendió por todo Andalucía y avanzó hacia el norte. El 20 de junio fue atacada la gran comunidad Judía de Toledo y en agosto, las de Madrid, Segovia, Soria, Logroño y Burgos.
En el reino de Aragón los ataques a las juderías se expandieron por las distintas ciudades tal y como sucedía en Castilla. En cuestión de días, los judíos que no quisieron aceptar el bautismo cristiano fueron pasados a cuchillo, sus casas saqueadas y quemadas -en julio fue atacada la judería de Valencia, le siguieron las de Palma de Mallorca, Barcelona -5 de agosto-, Gerona -10 de agosto-, Lérida -13 de agosto- y Perpiñan -17 de agosto-.
Sobre la dimensión de los sucesos referidos, lo escrito por un poeta judío testigo de estos en Córdoba, es por demás esclarecedor: “No ha quedado en ella ni grande ni chico que no apostara de su religión”[6]. Incluso uno de los máximos apologistas de la Inquisición en España, Marcelino Menéndez Pelayo[7] señaló, respecto de los ataques al Call o judería de Barcelona, que “en ninguna parte fue tan horrenda la destrucción (...) donde no quedó piedra sobre piedra, ni judío con vida, fuera de los que a última hora pidieron el bautismo”.
En busca de una respuesta al por qué de dichos ataques, la gran mayoría de los historiadores concluyen que fueron producto de un enfrentamiento social, con un trasfondo económico esquematizado en la lucha entre ricos y pobres[8], con apoyo ideológico de algunos miembros del clero y de los estamentos superiores[9]. Pero nos interesa destacar la novedosa aportación de Netanyahu, quien apuntó que, a diferencia de otros ataques anteriores en el resto del continente europeo, los producidos en 1391 tuvieron como elemento común un trasfondo religioso importante.
En este sentido, el autor citado observa que en los pogromos del año 1391 los agresores anunciaban previamente que querían la conversión de los judíos, y solo ante la respuesta negativa recurrieron a la violencia, puesto que “no querían hacer daño a los judíos, sino un enorme bien”[10].
De esta manera se explicaría la gran cantidad de conversiones que se produjeron en cada una de las comunidades atacadas, y por otra parte, que muchas conversiones ocurrieran antes de comenzar los ataques.

Los Conversos como problema social

Una vez calmados los ánimos, después de los sucesos y conversiones en masa de judíos al cristianismo, comenzó a definirse lo que se ha denominado el “problema converso”, para el cual se buscaron también “soluciones”, lógicamente.
Si bien en la problematización de la cuestión conversa intervinieron distintos factores y circunstancias cuya totalidad es difícil siquiera enumerar, es necesario destacar que, antes que nada, dicha problematización es una construcción social, el resultado de relaciones sociales y políticas en un tiempo y lugar dados.
Teniendo siempre presente ello, a fin de intentar reconstruir los carriles y lógicas que produjeron dicha problemática, habrá que diferenciar los factores relevantes de otros que no lo son tanto. De esta forma queda evidenciado que en aquel proceso constructivo intervinieron decididamente grupos antijudíos, cuya trama discursiva creo una determinadas prácticas sociales, que en definitiva trasformaron la situación de los conversos en un verdadero problema social.
Los promotores de la campaña antijudía, como el arcediano de Ecija Ferrán Martínez[11], o más tarde, el dominico valenciano Vicente Ferrer[12] y el propio converso Pablo de Burgos -o Pablo de Santa María-, tenían muy presente que, debido al carácter forzado de las conversiones, los “cristianos nuevos” podían regresar a su antigua fe o practicarla a escondidas. Con la finalidad de evitar ello, entendieron que era indispensable separar físicamente a los judíos de los conversos, y abogaron ante las autoridades de los reinos de Castilla y Aragón por una disposición que transfiriese a los judíos, que vivían en vecindarios mixtos, a barrios propios[13].
El principal inconveniente de la separación de barrios judíos y cristianos era la inexistencia de un antecedente normativo que previera tal solución, puesto que si bien ello había sido abordado dos siglos antes -en el IV Concilio de Letrán (1215) y en el Concilio de Arlés (1235)- siempre se había optado por otras medidas, como la identificación de los judíos con un brazalete o distintivo de color amarillo[14].
Pero el tenaz Ferrer halló lo que buscaba. La separación física de judíos y cristianos había sido prevista por el Concilio de Palencia de 1388. cuyo presidente había sido el Cardenal Pedro de Luna, conocido más tarde como el Papa Benedicto XIII, acusado de estar imbricado asimismo en la campaña antijudía junto a Pablo de Burgos.
Vicente Ferrer era conocido por la elocuencia de sus discursos. Comenzó su campaña de conversión atrayendo hacia el cristianismo a muchos judíos y musulmanes. Señala Netanyahu que el santo valenciano “Centró la atención pública del momento en el problema judío y movió a las masas españolas a instar a que se hicieran cumplir las medidas antijudías propuestas”[15], por ello a partir de 1411, su predica, si bien se oponía a la conversión forzada, era temida por las comunidades judías.
Hasta aquí hemos insinuado la existencia de una doble campaña en la que, por una parte, los ideólogos de las revueltas del año 1391 buscaban conversiones en masa, y por otra, la que tenía como finalidad la protección forzada de los conversos o cristianos nuevos y que estaba destinada a influir sobre los gobernantes. Ambas tenían un mismo enemigo común, la religión judía.


Las leyes de Doña Catalina (Valladolid, 1412); otra vez la conversión forzada

Existe acuerdo entre los estudiosos de la Inquisición en establecer que con la excepción de los decretos de “conversión o expulsión” promulgados en otros reinos de Europa,[16] las leyes de Doña Catalina[17] fueron las más duras promulgadas jamás en la cristiandad contra los judíos antes de 1412. En dicha legislación se observa la influencia que tuvo la campaña de Ferrer, en cuanto restringe los lugares de morada de los judíos -y moros- a áreas especiales asignadas por las autoridades con total separación de los cristianos “so pena de perder todos sus bienes y de un castigo corporal al arbitrio del rey” (Ley 1)[18]. Veamos algunos artículos;
La ley 2 niega la posibilidad de vender alimentos y bebidas; que ningún judío ni moro “tengan tienda nin botica nin mesas en público nin en escondido, para vender vianda alguna que sea de comer”[19].
En las leyes de 1408 se les había prohibido a los judíos ocupar altos cargos en las administraciones real, eclesiástica y nobiliaria, como la de servir de recaudadores y arrendadores de rentas reales y señoriales, pero la novedad del edicto de 1412 era la prohibición de servir a los cristianos como “albeytares nin ferradores nin Çapateros nin jubiteros nin xastres nin tondidores nin calceros nin cerniceros nin pelligeros nin traperos,” ni vender a los cristianos “pan nin vino nin farina nin aceyte nin manteca nin otra cosa alguna de comer”. (leyes 2, 6, 20)[20].
La legislación de 1412 también era innovadora en otras cuestiones puesto que si bien ya existía la prohibición de que médicos judíos atendiesen a cristianos, ahora se les prohibía “non sean osados de visytar a christiano nin christiana en sus enfermedades nin les dar melesinas nin xaropes” (ley 10)[21].
Hasta aquí hemos descrito algunas de las normas prohibitivas para los judíos que establecían las leyes de 1412, ahora nos interesa examinar las razones expuestas y silenciadas que justificaron la sanción de las mismas, además de lo que entendemos fue su función discursiva en lo que denominamos “mentalidad inquisitorial”.
Formalmente, la necesidad de dictar leyes con semejante alcance, no fue otra que la de brindar protección a los cristianos nuevos o conversos, por cuanto si se mantenían en contacto con los judíos corrían el peligro de regresar a su antigua religión.
Compartimos con Netanyahu, que si a las prohibiciones absolutas de poder generar recursos económicos establecidas en la legislación citada, se le agrega la prohibición de emigrar del país (ley 16) y la de ser acogidos por nobles (ley 23), se obtiene como resultado la exclusión total de los judíos, restándoles como la única salida de supervivencia posible, la conversión al cristianismo.
De esta forma miles de judíos fueron obligados a bautizarse en los siguientes siete años y, con ello, una segunda conversión masiva agudizó lo que habíamos señalado como el “problema converso”.
Hacia mediados del siglo XV el "problema judío" en su aspecto religioso parecía disolverse, pero fue redefinido en términos de raza[22], conforme lo veremos más adelante.
Finalmente debemos agregar que en el año 1413 la legislación castellana fue copiada esencialmente por la aragonesa, en cuanto contenía todo lo necesario para forzar la conversión de los judíos, pero en el año 1419 el Papa Martín V publicó una bula liberando a los judíos de la mayor parte de las restricciones impuestas por la legislación, sin lograr mejorar efectivamente la situación de estos, ya que dicha buela no fue aplicada con firmeza.


Los conversos como cristianos vigilados

Con las conversiones forzadas y masivas de 1391 y 1412/1413, surgió una nueva casta urbana: los “cristianos nuevos”. Este nuevo colectivo social estaba “libre”, desde lo formal o legal, de todas las restricciones económicas impuestas a los judíos, por lo cual intentó desarrollarse en campos que hasta entonces estaban destinados exclusivamente a los cristianos.
Los problemas se hicieron sentir rápidamente puesto que la población urbana cristianovieja no veía con buenos ojos a éste grupo que pretendía competir en actividades tales como el ejercicio de profesiones liberales y el desempeño de cargos oficiales.
A la par del avance social de los conversos se fue foltaleciendo un movimiento o partido anticonverso. El conflicto se materializó en una lucha legal y política, cuyos pasos pueden rastrearse claramente en los documentos de la época, siendo uno de esos el canon del Concilio de Basilea sobre los judíos y conversos aprobado el 15 de septiembre de 1434.
De claro tono antijudío, el Concilio se expresó a favor de exigir el cumplimiento de las leyes castellanas de 1412, incluidas las prohibiciones de nombrar a judíos para cargos públicos y la prohibición de residencia junto a cristianos. Al mismo tiempo el Concilio se declaró a favor de las conversiones de los judíos, garantizando a los conversos que sus bienes serían intocables.
Claramente el Concilio estableció la igualdad entre todos cristianos entendiendo:
“que ellos -los conversos- se han convertido por la gracia del bautismo en conciudadanos de los santos y miembros de la Casa de Dios, y como la regeneración del espíritu es mucho más importante que el nacimiento en la carne, por este edicto que deseamos tenga fuerza de ley, decretamos que gocen todos los privilegios, libertades e inmunidades de las ciudades y lugares en los que fueron regenerados por el sacro bautismo en la misma medida en que los gozan los naturales y los otros cristianos”[23].

Seguidamente, el canon ordenaba a los obispos “vigilar” a los cristianos nuevos para que recibieran catequesis sobre los artículos y mandamientos de la nueva fe y sobre las ceremonias de la Iglesia Católica. En el mismo sentido imponía el deber de “vigilar” para que los conversos no tuviesen trato con judíos u otros infieles, debiendo “intimar a los recién llegados a la fe”, a que contraigan matrimonio con cristianos viejos[24].
Sobre las obligaciones de los cristianos nuevos el canon señalaba:
“se prohibe a estos neófitos, bajo graves penas enterrar a sus muertos según el rito judaico, y guardar el sábado, las festividades y otras ceremonias de su antigua secta en ninguna manera. Igual que los otros católicos, deben asistir con frecuencia a nuestras iglesias y sermones y conformarse a todos los usos de la fe cristiana. Los que no cumplan serán, objeto de pesquisa por parte del obispo o de los inquisidores contra la herejía, y si se los encuentra culpables, serán entregados al brazo secular y castigados, para que sirvan de ejemplos a otros”[25].

Observamos que si bien el canon declaraba expresamente el principio de igualdad entre cristianos, reflejaba la desconfianza que se tenía sobre la religiosidad de los conversos, ordenando su vigilancia e intimándoles a que fueran escrupulosos en el cumplimiento del dogma, el derecho y los ritos cristianos.
Vemos entonces que, el canon de Basilea da cuenta de lo tenso de la situación conflictiva que se estaba desarrollando en “España” entre los intereses enfrentados de los cristianos viejos y los conversos. Su importancia radica en la amenaza de una investigación, puesto que esta fue probablemente la primera vez que apareció en los escritos de la época la idea de aplicar una inquisición a los judíos convertidos al cristianismo[26].
Antes de concluir éste punto, interesa destacar que como reacción al avance social de la nueva casta, los cristianos viejos intentaron buscar fórmulas legales que pudieran detener tal ascenso, repitiendo de alguna manera lo que había sucedido con las leyes de 1412, sancionadas contra los Judíos.
Encontramos aquí una de las causas más importantes de las revueltas de Toledo de 1449 y, finalmente, del establecimiento de la Inquisición y expulsión de los judíos sobre el final del siglo XV[27].

Importancia de la rebelión de Toledo de 1449 en el establecimiento de la Inquisición española

Los sucesos políticos acaecidos en la ciudad de Toledo en el año 1449 fueron particularmente importantes para comprender los orígenes de la Inquisición española, es decir, para entender las causas no coyunturales que llevaron en un determinado momento a los Reyes Católicos a solicitar al Papa autorización para establecer el tribunal del Santo Oficio. Brindaremos seguidamente una aproximación al tema desde una perspectiva diferente a la efectuada por la mayoría de los estudiosos de la Inquisición, que podría denominarse como la construcción social y política del "otro”.
Se ha dicho en el apartado precedente que luego de acaecidas las conversiones en masa, producto de los pogromos del año 1391 y de la legislación de 1412, los judíos dejaron de ser el principal problema de los cristianoviejos; la ciudad de Toledo no podía ser la excepción a ello, pues de todas las ciudades españolas, la misma fue la abanderada del movimiento anticonverso, y ello por haber sido la capital eclesiástica, el centro político de España y por haber tenido al mismo tiempo la comunidad conversa más influyente y numerosa de todas.[28]
El problema para los cristianoviejos de Toledo era la igualdad que se les imponía para con los conversos, puesto que se temía que la ciudad pudiera pasar a manos de éstos. Recordemos que estaba ya popularizada la idea del peligro de la dominación conversa cuando en el mes de enero de 1449, Álvaro de Luna, ministro que gozaba de la mayor confianza del rey, exigió a los gobernantes de la ciudad, en nombre de la corona, un préstamo dinerario que debía cumplirse en tiempo perentorio a fin de reorganizar las defensas del reino que estaba siendo atacado desde el sur y el este.
Los gobernantes se negaron, en un principio, amparándose en un privilegio de la ciudad que la eximía de conceder tales empréstitos, pero posteriormente debieron ceder ante la postura inflexible de Álvaro e instruyeron a su tesorero, Alfonso Cota, quien era converso, para que procediera con la necesaria recaudación de impuestos a los efectos de reunir el dinero.
El malestar del pueblo no se hizo esperar mientras rápidamente se extendía el rumor de una connivencia entre el converso Cota y Álvaro de Luna, de quienes se decía, se repartirían los beneficios de la recaudación. Con los primeros arrestos de los que se resistieron a pagar, la ciudad “estalló en un motín”, las campanas de la Catedral convocaron al pueblo a una reunión en la que “se pronunciaron enardecidos discursos y se exhortó a la muchedumbre a ir a la casa de Cota y darle a aquel converso el debido castigo, como maquinador del criminal complot.”[29] Si bien Cota huyó, su casa fue saqueada y quemada por la turba enfurecida.
Con la excusa del “estado de guerra” en el que se encontraba la ciudad por un inminente ataque de Álvaro de Luna, Pero Sarmiento apoyado por Marcos García y la fuerza popular, se hizo de la autoridad de la ciudad, fue suprimido el Consejo y silenciados los regidores. Toledo estaba ya en poder de los rebeldes, quienes identificaban al enemigo con Álvaro de Luna y sus favorecidos: los conversos. Se empezó a definir la idea de la existencia de un enemigo extramuros y otro interno.
Los jefes rebeldes comenzaron una clamorosa campaña contra conversos en la que se los acusaba de judaizantes y herejes, a la vez que se anunció la formación de una comisión de pesquisa encargada de investigar todas las denuncias. Al poco tiempo dicha comisión sentenció que el colectivo de cristianonuevos estaba plagado de judíos secretos. Vemos entonces como la lucha contra los conversos se trasladó del terreno político al religioso, donde la victoria de los rebeldes sería más fácil y efectiva.


La Suplicación y la Sentencia-Estatuto en la construcción de un problema

Entendemos que una manera acertada de comprender la “controversia” suscitada entre cristianos viejos y cristianos nuevos -o conversos- es estudiar los documentos emitidos por los rebeldes de Toledo del año 1449. En este sentido nos interesa mostrar las ideas que reflejan la “Suplicación” y la “Sentencia-Estatuto”, con especial atención a la definición social y política del converso como lo abyecto del orden, puesto que las doctrinas resultantes de los mismos constituyeron, a nuestro juicio, las bases utilizadas posteriormente para fundar la Inquisición española.
La “suplicación”[30] fue una misiva enviada por los dirigentes rebeldes al rey Juan II de Castilla, en momentos en que éste se dirigía hacia la ciudad con su ejercito para controlarla. Por medio de la misma se atacaba a Álvaro de Luna, quien era considerado un tirano, por “dar los dichos oficios a personas ynfieles e erejes, enemigos de nuestra santa Ley e de nuestro rey e de nuestras personas e faziendas.”[31]
Para los rebeldes si Álvaro usurpaba los poderes al rey, los conversos usurpaban los de la nobleza cristianovieja, pero lo más importante a juzgar por los autores de la suplicación, era que los nuevos cristianos “del linaje de los judíos” escondían un plan diabólico de dominación y destrucción de la cristiandad; su auténtico y solapado fin era el de “estrujar las animas e cuerpos e faziendas de los cristianos viejos en la fee católica.”[32]
Vemos entonces como los rebeldes intentaban justificar al rey la rebelión trazando una división entre cristianos viejos o “verdaderos”, y cristianos nuevos o “falsos”, de la cual deducían la diferencia entre súbditos verdaderos y naturales -cristianos viejos- y súbditos infieles o falsos -conversos-.
Encontramos aquí uno de los primeros elementos que fueron conformando el nacionalismo español -o una mentalidad nacional española-, originalmente castellana, “porque las fuerzas que trabajaban por un nacionalismo en España se unieron ante un enemigo común. Primero fueron los moros, después los judíos y los moros y finalmente los conversos. Los Españoles encontraron su identidad en la lucha contra los enemigos del pueblo. En cierto sentido tenemos aquí el comienzo de una cruzada, tan persistente como trascendente en sus repercusiones, y cuyos propugnadores mantenían las ideas de la Suplicación como dogmas de una religión antigua."[33]
Consideramos a la Sentencia-Estatuto[34] de una importancia superior en nuestro trabajo por cuanto fue para su tiempo el fiel reflejo de lo que consideramos una “mentalidad inquisitorial”. Comencemos diciendo que formalmente era una ley promulgada por los rebeldes de Toledo, en el mes de junio de 1449, destinada a regular las relaciones entre la ciudad y los conversos, pero cuyo objetivo, como veremos, era el de definir con autoridad política al enemigo de una sociedad cristiana.[35]
En cuanto a “Sentencia,” definía un problema; la imposibilidad de convertir al pueblo judío al cristianismo sincero. El “Estatuto” formulaba las medidas que debían tomarse de acuerdo a esa visión, entre las que estaban las prohibiciones para desempeñar cargos públicos por parte de conversos, de recibir cualquier beneficio eclesiástico y la de actuar como testigo en los tribunales de la ciudad, negándoles de manera indirecta la posibilidad de demandar ante la justicia civil a los rebeldes y cristianos viejos de la ciudad.[36] Asimismo, dichas prohibiciones debían ser aplicadas a los descendientes de los conversos.
Pasemos ahora a señalar las razones de orden religioso aducidas por los toledanos para justificar la Sentencia-Estatuto.
En primer lugar se señala la “actitud” de los conversos hacia el cristianismo:
“se prueba, e se pareció e parece evidentemente, ser personas muy sospechosas en la santa fe cathólica de tener e creer grandissimos errores -ideas heréticas- contra los artículos de la santa fe cathólica.”[37]

En segundo lugar acusa a los conversos de guardar “los ritos e ceremonias de la ley vieja” y otras particularidades como que dicen “ser nuestro Salvador e Redemtor Jesuchristo un hombre de su linaje colgado, en que los christianos adoran por Dios.”[38]
Las cuestiones de origen social que fueron aducidas por los autores de la Sentencia se basaban en las actitudes que los conversos tenían hacia los cristianoviejos de Toledo, y del reino en general, pero sobre todo en la forma en que obtenían y desempeñaban sus cargos públicos. Así, el preámbulo de la Sentencia-Estatuto describe la forma “tiránica” utilizada por los conversos para obtener los cargos de notarios públicos, puesto que compraban las escribanías o las recibían a cambio de “favores” hacia las personas o haciendas de los que podían conceder estos oficios.
En cuanto a la gestión de la hacienda real por parte de los conversos, la Sentencia los acusaba de haber “tomado e llevado e robado grandes e innumerables quantías de maravíes e plata del rey nuestro señor e de sus rentas e pechos e derechos,”[39] pero como la gestión de la hacienda real no se limitaba a Toledo, lo dicho se aplicaba a todo el territorio del reino de Castilla. En consecuencia todo el país se había convertido en escenario de una catástrofe común, cuyos responsables eran los “marranos.”
Los autores de la Sentencia expusieron que los propósitos de los conversos eran los de enriquecerse a costa de los súbditos fieles a los que gobernaban -servir a sus “intereses” y “el aumento de sus estados”-; pero más allá de ello existía un objetivo último y más importante: destruir al catolicismo y a sus fieles. Entendieron los rebeldes que para dicha conclusión no era necesario ofrecer prueba alguna por cuanto lo dicho “es notorio e por tal lo avemos.”[40]
Luego de describir el odio que los judíos han sentido hacia los cristianos desde “la pasión de nuestro Salvador Jesucristo…” los rebeldes de Toledo declaraban enemigos a estos y a los conversos, “sus descendientes” quienes “lo han fecho, e cada día facen… los mismos daños, males, y guerras.”[41]
La identidad “constatada” entre judíos y conversos no era un simple vínculo religioso o externo, la coincidencia en la hostilidad de ambos hacia el cristianismo provenía de su esencia común, su raza. Era la raza lo que determinaba la conducta y la actitud de los judíos y conversos como “portadores de un odio mortal hacia los christianos” verdaderos, pero también era “la perversidad” de su raza la responsable de los delitos sociales y religiosos en que estos incurrían, de su depravación moral, y en ultima instancia la que los incapacitaba para cumplir con el ejercicio de cargos públicos.
Los toledanos encontraron en la definición de raza perversa la justificación para privar de derechos no solo a los conversos de la ciudad, sino a sus descendientes, puesto que si la raza era la causante de las desviaciones morales, la inmutabilidad de la misma era la certificación de una efectiva transmisión o contagio. Por ello “esta Sentencia… se entiende contra los conversos pretéritos y presentes e por venir.”[42]
Finalmente, nos interesa destacar la importancia que tuvo la Sentencia-Estatuto en cuanto acuñó una terminología nunca antes utilizada en un documento oficial. En el mismo sentido, la forma de abordar la denominada “cuestión conversa” la convirtió en piedra angular de una nueva corriente ideológica que sería difundida por mucho tiempo en España, con la importante colaboración del poder político.


Fray Alonso de Espina, el estratega antimarrano

Decidimos un apartado especial para caracterizar a Fray Alonso de Espina[43] por cuanto fue uno de los más importantes propagadores de la campaña antijudía y anticonversa en los tiempos anteriores al establecimiento de la Inquisición española, y posteriores a los sucesos de Toledo.
Espina sabía que la mayoría de los judíos de España se habían convertido al cristianismo, y aunque para él éstos no eran más que judíos disfrazados, no los veían así los reyes y ministros de gobierno. Para lograr “concientizar” a éstos, el franciscano se propuso un plan cuyo primer paso consistía en atacar públicamente a los judíos, desprotegidos por las leyes y por la doctrina de la Iglesia, por lo tanto más vulnerables que los conversos -quienes se encontraban en las estructuras de gobierno, amparados por las leyes y la Iglesia en cuanto a equiparados a los demás cristianos-.
Una vez que la campaña hubiera excitado al pueblo, el segundo paso sería atacar a los conversos motejándoles de judíos y ”demostrando” su condición de tales. Brindaremos seguidamente un panorama de las ideas fundamentales que la campaña de opinión contra los judíos provocada por Espina, y el movimiento anticonverso, pretendían difundir.
En su Fortalitium fidei (1458) Espina explica que el judío no sólo es cruel y sádico en virtud de su naturaleza,[44] está también pleno de odio especial al cristianismo y de ansia de destruir el mundo cristiano. Su ley –la ley rabínica- le ordena matar a todos los cristianos y, por supuesto, le permitía explotarlos de toda manera posible. Aquí encontrarían su explicación las trampas criminales que los judíos supuestamente arbitraban contra los cristianos; pero “ellos” no son tan sólo egoístas y muy poco escrupulosos, simplemente, carecen de todo sentido moral, están situados más allá de todos los límites de la moralidad. Por ello siempre han sido “rebeldes contra Dios, idólatras y traficantes en magia negra.”
Todo esto se explica en el origen de los judíos que, en su opinión, son infrahumanos o parcialmente humanos, mientras sus otros componentes son bestiales y demoníacos; resultado directo de la cohabitación de sus antepasados con monstruos, bestias y malos espíritus. Espina entiende que los judíos son hijos del diablo y, como tales, un peligro para sus vecinos y la humanidad toda.[45]
Después de esta definición de los judíos, fácil es inferir la respuesta que dio Espina a la pregunta: ¿qué hacer con los judíos? En la respuesta fue claro y terminante:
“Hay una manera que España se deshaga de sus judíos, una manera tan sencilla como eficaz, ¡Matarlos por profanar las hostias, por matar a niños cristianos, incluso por enfrentarse con un caballero cristiano que los ofende; matarlos por convertirse hipócritamente; matarlos porque viven con nombres de judíos tanto como con nombres de cristianos!”[46]

El ataque a los conversos fue planteado por Espina como un ataque al enemigo interno -en la sociedad cristiana-, que debía ser considerado más peligroso para España que la amenaza de los enemigos exteriores: los musulmanes y los judíos.
Para definir a los cristianos nuevos como herejes Espina recuperó el antecedente de la Sentencia-Estatuto de Toledo, pero para proponer una “solución” a dicho problema sólo debió recordar la disciplina utilizada en el pasado por la Iglesia romana y de la manera que se luchaba contra las herejías en el resto del continente y en el cercano reino de Aragón, y así fue como propuso el establecimiento de una Inquisición que acabara con los marranos de Castilla, no solo social y económicamente, sino físicamente.[47]



[1] Blázquez Miguel, Juan, Inquisición y Criptojudaísmo, Ed. Kaydea, Madrid, 1988, p. 17.

[2] Netanyahu, B, Los Orígenes de la Inqisición en la España del siglo XV, Ed. Crítica, Barcelona, 1999, p. 130. (1ª edición en ingles 1995).

[3] El asiduo contacto, denominado convivencia o coexistencia por los historiadores fue propio del periodo medieval, permitió que cristianos, judíos y musulmanes se entendieran, aunque en general las distintas comunidades vivían existencias separadas.

[4] Kamen, H. Op. Cit. p. 10.

[5] Netanyahu, B, Ibidem, p. 132.

[6] Citado por Kamen, H, Op. Cit. p.17.

[7] Menéndez y Pelayo, M., Historia de los heterodoxos españoles. Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, de la Editorial Católica, Madrid, 1986. (1ª. edición 1880-1882).

[8] En todas las revueltas antijudías de la Edad Media fueron los estamentos menores integrados básicamente por campesinos, los enemigos más violentos de los judíos. En la de 1391, en Barcelona por ejemplo, los campesinos penetraron en la ciudad y quemaron las escribanías donde se depositaban los registros de propiedad y deudas, saquearon la judería o Call y mataron a miles de judíos, como ha quedado dicho.

[9] Kamen explica que el fanatismo religioso y el malestar económico desencadenó en el año 1391 una serie de motines populares que terminaron con la vida de miles de judíos y la destrucción de sus barrios. (Op. Cit. p. 17).

[10] Netanyahu, B. Op. Cit. p. 146.

[11] Sobre la actuación de Ferrán Martínez se ha dicho que "Sus prédicas, celebradas en las plazas públicas y a las que asistían miles de oyentes enfervorizados, acababan en arengas incitando al exterminio de los hebreos (y) el 8 de diciembre de 1390, dio la orden a todos los clérigos de su diócesis que demoliesen las sinagogas, (…) lo que se llevó a cabo en Ecija y Alcalá de Guadaria". Blázquez Miguel, Inquisición y…, p. 23.

[12] En este sentido Kamen le asigna a Ferrer “cierta responsabilidad en los acontecimientos de 1391” (Op. Cit. p. 21), pero Blázquez Miguel lo iguala con Pablo de Burgos, y considera a ambos "radicales fanáticos". (Inquisición y…, p. 35).

[13] La idea de separar a cristianos y judíos no nació en el año 1410, ni en el ámbito cristiano, sino que era una practica habitual en las comunidades judías de la Alta Edad Media.

[14] El concilio de Arlés resolvió que todos los judíos llevaran en sus ropas un parche redondo de color amarillo como identificación, al igual que en el derecho castellano lo disponían Las partidas.

[15] Netanyahu, B, Op. Cit. p. 167.

[16] En el año 1290 Inglaterra expulsó a todos los judíos y en 1306 lo hizo Francia.

[17] Muerto el rey Enrique III de Castilla en el año 1406 y ante la minoría de edad de su hijo Juan (Juan II) hubo la necesidad de una regencia que fue ejercida por el infante Fernando, Duque de Peñafiel, y por la reina Catalina de Lancaster.

[18] Baer, Y, Historia de los judíos en España cristiana, p. 265., Netanyahu, B. Op. Cit. p. 172.

[19] Baer, Y, Historiap. 165.

[20] Baer, Y, Historia… p. 265, 266-269.

[21] Baer, Y, Historia… p. 267.

[22] Cfr. Alcalá, Ángel, La Inquisición y la sociedad española, en AA. VV. La Inquisición , Ed. Ministerio de Cultura de España, Madrid, 1982, p. 55.

[23] Netanyahu, B. Op. Cit. p. 248.

[24] Netanyahu, B. Ibidem. p. 248.

[25] Baer, Historia…p. 270.

[26] Netanyahu, B, Op. Cit. p. 249.

[27] En el decreto de expulsión de los judíos firmado por los reyes Fernando e Isabel, el 31 de marzo de 1492, se subrayó que el motivo de su decisión era responder a los esfuerzos de los judíos por "subvertir a los cristianos (conversos) y arrastrarlos al judaísmo". Haliczer, Stephen, Inquisición y sociedad en el reino de Valencia 1478-1834. Ed. Alfons el Magnánim, Valencia, 1993, p. 341 (1ª. Edición 1990) traducido por Carles Xavier Subiela i Ibáñez.

[28] Blázquez Miguel, J. Inquisición y…, p. 43.

[29] Netanyahu, B. Op. Cit. p. 279.

[30] Por medio de la Suplicación los rebeldes pedían solución de los males que tenían su origen en el gobierno central (real) y que afectaban directamente a la ciudad de Toledo. Solicitaban una reforma de gobierno amplia señalando los pasos necesarios para su realización.

[31] Netanyahu, B., Op. Cit. p. 320.

[32] Netanyahu, B., Ibidem. p. 322.

[33] Netanyahu, B., Ibidem, p. 331.

[34] La ley se dividía en dos partes. El preámbulo emitía una opinión o “juicio” sobre la conducta social y religiosa de los conversos, el cuerpo de la ley propiamente dicha detallaba las restricciones jurídicas que debían imponérseles en base a ese “juicio.” De ahí el doble título Sentencia (juicio) Estatuto (ley).

[35] Sobre la construicción discursiva de una amenaza social recomendamos la lectura de José Miguel, G. Cortés, Orden y Caos, un estudio cultural sobre lo monstruoso en el arte, Ed. Anagrama, Barcelona, 1997. -especialmente el primer capítulo -Lo monstruoso y la fragilidad del orden social-.

[36] Netanyahu, B., Op. Cit. p. 293.

[37] Netanyahu, B., Ibidem, p. 334.

[38] Netanyahu, B., Ibidem, p. 334.

[39] Netanyahu, B., Ibidem, p. 340.

[40] Netanyahu, B., Ibidem, p. 341.

[41] Netanyahu, B., Ibidem, p. 344.

[42] Netanyahu, B., Ibidem, p. 345.

[43] Espina y sus escritos representaron la herencia ideológica del antisemitismo Ibérico. Se nutría de otras ideas provenientes de Europa central y occidental, pero sobre todo en la expresión concreta que tuvieron en la rama observante de los franciscanos (Juan de Capistrano-Alemania-; Bernardino de la Siena y Bernardino Feltre –en –Italia-).


[44] Para profundizar sobre estigmatización de base racista recomendamos la lectura de Girard, Rene, El chivo expiatorio, Ed. Anagrama, Barcelona, 1996, p. 29 y ss.

[45] Fortalitium Fidei, en Netanyahu. Op. Cit. p. 754.

[46] Netanyahu, B., Ibidem, p. 761.

[47] Porque las pestes se deben exterminar por todos los medios disponibles. “Una república se puede corromper sólo por un hombre malo, como un ladrón, un homicida, un adúltero, etc.” Fortalitium Fidei, lib. II, en Netanyahu, Op. Cit. p. 766.