El castigo como una compleja institución social (Garland)


El pensamiento de David GARLAND
Por Ignacio F. Tedesco


Las normas de la civilización
de un país pueden juzgarse al abrir
las puertas de sus prisiones.
F. M. Dostoievski,
Recuerdos de la casa de los muertos.

I.- La delimitación del concepto castigo:
En la actualidad, los sistemas penales (al menos de los países más desarrollados) están experimentando profundos cambios estructurales, que si bien no parecen tener ni dirección ni límites precisos, sí sugieren la aparición de un nuevo significado del castigo estatal. Tal como lo señala David GARLAND, estamos en presencia de un período de transición, en razón de que el viejo paradigma correccionalista y el ideal de resocialización se derrumbaron (GARLAND, 1999c; CAPPUCCIO, 2000:829). En este sentido, su obra se encuadra dentro de las reflexiones respecto de la sociología, la historia, la filosofía y la política penal que indagan los fundamentos y las derivaciones sociales del castigo en un momento de escepticismo frente al proyecto penal de las sociedades modernas (ANITUA, 2000:368).
Esta búsqueda del significado del castigo estatal ha sido una de las principales preocupaciones de este profesor británico. Preocupación que en los últimos veinte años ha ido plasmando en numerosas publicaciones que reflejan tanto sus investigaciones como sus clases en las Universidades de Edimburgo y de Nueva York. Sus trabajos se han centrado, desde una perspectiva sociológica, tanto en el estudio del castigo y del control penal, como en la historia del pensamiento criminológico[1]. Uno de sus principales aportes es el desarrollo de una sociología del castigo, en la cual las sensibilidades sociales y las pautas culturales adquieren un papel vital en la conformación de la reacción penal. Hacia estas cuestiones es que dirigimos la atención de estas palabras[2].
Antes de avanzar específicamente sobre cuál es la concepción del castigo que GARLAND desarrolla en sus estudios, se torna necesario, en primer lugar, señalar a qué se refiere cuando se ocupa de analizar el castigo. En este sentido, en el segundo de sus libros, Castigo y sociedad moderna, que publicara originariamente en 1990, considera por castigo a aquel “procedimiento legal que sanciona y condena a los transgresores del derecho penal, de acuerdo con categorías y procedimientos legales específicos”. En este concepto de castigo (que luego ratificara en todos sus trabajos) están involucrados no sólo la administración de las sanciones, sino también el proceso legislativo, y también el de condena y sentencia. Concepto específico que se corresponde y asimila con uno más amplio, en el que se identifica la idea de castigo con la de penalidad, en tanto ambas se refieren al complejo entramado de leyes, procedimientos, discursos, representaciones e instituciones que integran el ámbito penal (GARLAND, 1999a:33).
Una de las razones que lo llevaron a entender al castigo en términos exclusivamente legales, se debe al hecho de considerar que cuando se teorizó respecto de éste, parte de su objeto fue dejado de lado o ignorado mientras que otros fueron sobredimensionados en el análisis teórico. Así, entiende que el análisis de aspectos particulares condujo a una generalización incorrecta. Lo que encuentra que sucedió en gran parte de los análisis efectuados sobre el castigo en general, al no tener en cuenta una visión en conjunto de cada una de las instituciones que conforman el castigo legal (GARLAND/YOUNG, 1983:9/10).
Es por ello que sostiene que el concepto de penalidad termina siendo apropiado en cuanto es un término menos tendencioso, al significar de por sí un complejo campo de instituciones, prácticas y relaciones más que un singular y esencial tipo de evento social (GARLAND/YOUNG, 1983:14). Así, considera que la penalidad es el más claro y más extremo ejemplo de la rutina del poder coercitivo estatal que permite su legitimación y que representa una ilustración viva de una ideología que enérgicamente sanciona sus propias categorías y que simboliza uno de los más poderosos tipos de ideología en la sociedad moderna (GARLAND/YOUNG, 1983:22). Por otra parte, encuentra que la idea de penalidad es útil ya que se aleja de las connotaciones del concepto “sistema penal”, en tanto éste tiende a subrayar las prácticas institucionales y no sus representaciones, y a implicar una sistemática generalmente ausente (GARLAND, 1985:x). Por estas razones es que su concepción respecto a los conceptos de castigo y penalidad se relacionan tan estrechamente.
I.1.- Los tres niveles de la penalidad: la filosofía de la pena, la penología y la sociología del castigo.
En un sentido coincidente con lo dicho hasta aquí, en ocasión de establecer el alcance de la voz punishment (castigo) para The Blackwell Dictionary of Twentieth Century Thought (Diccionario del Pensamiento del Siglo XX), GARLAND señala que castigar es la imposición de una penalidad en respuesta a una condena por la violación de una ley. Así, en el caso central del castigo en la sociedad moderna, éste se encuentra representado por el castigo judicial: el proceso legal a través del cual los infractores de una ley penal son sancionados en concordancia con un procedimiento legal específico por el que recibe una pena que es administrada por oficiales estatales. En este contexto, distingue tres niveles en el que puede ser entendida la problemática del castigo: el punto de vista de la filosofía, el de la práctica (penología) y el de la sociología del castigo (GARLAND, 1993:531-533).
De esta manera, por un lado, a su entender, la práctica social del castigo judicial es susceptible de crítica en tanto implica la deliberada aflicción de un daño por agentes estatales sobre ciudadanos individuales. De allí la necesidad de buscarle una legitimación. En función de ello, una vasta literatura filosófica se preocupó en desarrollar argumentos justificatorios de la institución, en la que se identifican las circunstancias por las que el poder penal puede ser ejercido y se describen los fines que la pena persigue (GARLAND, 1993:532). Así, al castigo se lo presentó como un fenómeno único, sobre el que prevaleció una mirada moral en la cual el problema era resuelto al establecerse las condiciones por las cuales la pena tenía que ser aplicada (GARLAND/YOUNG, 1983:11), de manera que en esta aplicación estuviera implicado un valor singular o un conjunto de valores no conflictivos. Es que, en su concepción, la pena requiere una justificación al ser moralmente problemática ya que a través de ella se realizan determinados actos contra las personas que, si no fuera por el hecho de ser precisamente una pena, serían considerados negativamente en términos morales. Justificación que constituye una teoría ideal (GARLAND/DUFF, 1994:2-5).
Por el otro lado, en el ámbito de la práctica del castigo (propia de la penología), los sistemas penales desarrollaron una variedad de medidas de tratamiento propias de un Estado de bienestar en función de la ideología rehabilitadora que se impuso. De esta manera, los sistemas contemporáneos de punición utilizan un rango diverso de sanciones, a través de una jerarquía de medidas que permite una escala de severidad conjuntamente con una serie de alternativas horizontales adaptadas a los diferentes tipos de delincuentes (GARLAND, 1993:532/533). Esta mirada sobre el castigo, a su entender, es propia de un concepto de la penología que es objetable en cuanto tiende a observar la problemática desde una mirada técnica y empírica la cual reduce el campo de investigación y niega las conexiones e implicancias que las prácticas penales tienen sobre otras prácticas sociales (GARLAND/YOUNG, 1983:14). En definitiva, GARLAND distingue la filosofía de la pena de la teoría penal, constitutiva de la penología, la cual se dirige hacia la determinación de la sentencia, hacia la cárcel y hacia la administración de la probation (GARLAND/DUFF, 1994:16).
Ni en uno ni otro de estos niveles es en los cuales él pretende desarrollar su concepto de penalidad o castigo. El enfoque que él considera que sí se lo permite es el de la sociología del castigo. Encuentra que muy pocos han sido los estudios que intentaron abordar un análisis semejante, o sea, una visión del castigo como un complejo institucional que se sustenta en un análisis amplio de efectos e implicancias sociales (GARLAND/YOUNG, 1983:13). En este sentido, para GARLAND, la sociología del castigo es “el corpus que explora las relaciones entre el castigo y la sociedad. Su intención es entender al castigo como fenómeno social y, en consecuencia, establecer su papel en la vida social”. Contempla las instituciones desde afuera de ellas con la intención de entender el papel de éstas como un conjunto distintivo de procesos sociales inmersos en una vasta red social (GARLAND, 1999a:25).
Así, sugiere que un estudio correcto sobre el castigo requiere una relación estrecha entre el plano elevado de la teoría normativa y el más llano propio de la práctica de la decisión penal; lo cual sólo es posible gracias a la sociología del castigo. En otras palabras, de una interacción entre cada uno de estos niveles de la penalidad (GARLAND/DUFF, 1994:21).

II.- Su idea de penalidad respecto de la primera modernidad:
Antes de pasar a analizar las características generales que GARLAND considera que debe tener esta sociología del castigo, resulta útil analizar cuál es su visión sobre la penalidad que se desarrolla en una primera modernidad, la que conducirá al Estado de bienestar británico y, de esta manera, reflejar el primer estudio en el que intenta llevar adelante sus herramientas conceptuales antes señaladas.
GARLAND, en su primer libro, Punishment and Welfare: A History of Penal Strategies, se aboca a establecer la relación entre el castigo y la estructura social (esto es, entre las distintas formas de penalidad y las formas de organización social en las que éstas operan), a través del análisis histórico del surgimiento de la política penal británica (la cual ubica entre 1895 y 1914). En esta búsqueda, sostiene que las instituciones penales son funcionales, histórica e ideológicamente condicionadas por numerosas otras relaciones sociales y agencias, las cuales, a su vez, están influidas por la actuación de las instituciones penales (GARLAND, 1985:vii/viii).
Luego de describir cuatro programas ideológicos distintos (el del positivismo criminológico, el del trabajo social, el de la seguridad social y el de la eugenesia) gracias a los cuales se construye una nueva ideología penal, pasa a señalar las características que encuentra en el nuevo tipo de penalidad surgida en la modernidad.
Así, entiende que se asiste, a partir de 1914, a un nuevo complejo social el cual comparte una relación con un número de técnicas comunes, imágenes y principios. De esta manera, GARLAND observa que se estableció un nuevo sistema de disciplina que se desarrolló a través de las instituciones de la penalidad. Es decir, un nuevo sistema normativo que requirió un conocimiento cabal del caso a resolver, en donde el juez no sólo debía ser un interlocutor entre las partes sino también de nuevos mecanismos de procedimientos de investigación llevados adelante por la policía. Además, gracias al aporte de varias agencias, como por ejemplo, las de los oficiales de probation, se logró controlar tanto al delincuente, a su historia, como a su familia y su hogar. Los fines perseguidos eran la indagación y la normalización. Así, el complejo penal operaba, de manera interrelacionada, a través de tres modos distintos: el “normalizador”, el “correccional” y el “segregativo” (GARLAND, 1985:233-238).
El sector normalizador se encontraba conformado, principalmente, por las prácticas de probation promovidas estatalmente, las que indicaban cuáles eran los requerimientos para ser considerado un buen ciudadano. Prácticas cercanas a otros institutos de socialización como la familia, la escuela o el lugar de trabajo. Uno de los mayores efectos de este sistema es su “refinamiento” a la hora de controlar: era discreto, humano y relajado, si se lo compara con prácticas anteriores (GARLAND, 1985:238-240).
Por su parte, el sector correccional estaba representado a través de distintos tipos de escuelas e institutos reformatorios que se correspondían con el ideal rehabilitador, y que tenían el poder de rechazar a todos aquellos que aparecían ante su vista como incorregibles. Este sector era funcionalmente adyacente al normalizador y exhibía un número de lazos y continuidades con él, en tanto era al que se pasaba luego de fracasar el primero (GARLAND, 1985:240/241).
Finalmente, en el sector segregativo era donde se alojaban a todos aquellos que al no adaptarse a los anteriores sectores eran confinados tanto a instituciones psiquiátricas, de detención preventiva como a prisiones ordinarias. Constituía el fondo del complejo social instaurado en el que se operaba en términos coercitivos, claramente negativos, por más que las autoridades los instituían de efectos positivos (GARLAND, 1985:241-243).
A título de conclusión, GARLAND sostiene que la penalidad se construyó alrededor de una serie de formas y lógicas diversas que en general estuvieron relacionadas estratégicamente, mas nunca de una manera singular o uniforme, y que el objetivo de la práctica llevado adelante por los distintos institutos de la penalidad no es algo natural y universalmente dado o recibido por la investigación científica, sino que es una categoría construida a través de las luchas políticas-discursivas (GARLAND, 1985:262). En función de ello, encuentra posible la construcción de una nueva penalidad que no esté basada en una relación directa fundada en el conocimiento y en el poder, entre el que castiga y el castigado. Sin embargo, GARLAND no revela ninguna clave de cómo una penalidad semejante podría llegar a tener lugar o cuáles serían sus específicas características (BERNARD, 1989:190). No obstante ello, desde su concepción, esa construcción de un concepto de penalidad superador sólo debería realizarse a partir de las herramientas de la sociología del castigo.

III.- La sociología del castigo en GARLAND:
Para GARLAND, el principal objetivo de la sociología del castigo no es promover un funcionamiento eficiente de las instituciones penales, sino explorar las relaciones entre el castigo y la sociedad, en comprender cómo el castigo funciona como una institución social, y en trazar su rol en la vida social. Así, los sociólogos del castigo tienen que preguntarse por qué determinadas sociedades adoptan particulares modos de punición, e investigar las condiciones que producen ciertas formas de sanción. Para él, este estudio es, en parte, histórico: se investiga, por citar algunos casos, la genealogía de la prisión moderna, o el desarrollo del moderno sistema penal de bienestar en el que se combina el castigo con otras formas positivas de regulación social. Asimismo, el análisis comparativo también es utilizado para explorar cómo las jurisdicciones particulares difieren en el uso de las medidas penales, o los distintos índices de poblaciones penitenciarias o de uso de la pena capital. De esta manera, trabajar en sociología del castigo permite preguntarse sobre la legitimidad de las actuales instituciones y de la racionalidad de las prácticas corrientes, al igual que identificar las funciones latentes que aparecen como reales determinantes de la práctica penal (GARLAND/DUFF, 1994:22, 31 y 34).
A su entender, un pensamiento social sobre el castigo, en estos términos, se fue desarrollando a partir del estudio de la penología. En sus palabras, gracias a que la criminología se radicalizó es que emergió el deseo de proveer un análisis social del ámbito penal. No obstante, considera que esta criminología no llegó a brindar las respuestas esperadas. Sólo el desarrollo de un nuevo marco teórico fue estimulado por un número de tradiciones intelectuales (GARLAND/YOUNG, 1983:6/7).
Más allá de que a lo largo de toda la obra de GARLAND, éste identifique cuatro tradiciones como trascendentes en la elaboración de una sociología del castigo: la marxista, la durkheminiana, la foucaultiana y la cultural, no todas deben ser tratadas como si constituyeran cuatro pilares idénticos en la construcción de su teoría social del castigo.
Si bien reconoce el papel de los estudios elaborados a partir de un marco teórico marxista, su visión parte de dos pensamientos principales: el de DURKHEIM y el de FOUCAULT. Son estas elaboraciones teóricas las que se erigen en las columnas centrales de su análisis. Tal como veremos, su concepción en cuanto que las sensibilidades sociales y las mentalidades culturales son parte trascendente de la moderna penalidad no es más que su intento de delinear una tercera concepción que combine las calidades de cada una de las otras dos tradiciones y descarte sus limitaciones.
Respecto del análisis marxista, GARLAND reconoce que es una de las formas más poderosas en el análisis social que se pueden disponer en razón de que una serie de trabajos especialmente utilizaron su marco teórico en el estudio del derecho, la legalidad y la penalidad. Así, de ellos, distingue tres vertientes. Por un lado, la tradicional perspectiva económica, en la que rescata los trabajos de RUSCHE y KIRCHHEIMER y de MELOSSI, en la cual la penalidad es vinculada directamente con una de las nociones de la economía. En segundo lugar, una respuesta estructuralista al economicismo, de la mano de los trabajos de ALTHUSSER, POULANTZAS y PASHUKANIS, en la que prevalece la importancia dada a una nueva evaluación de la política y de la ideología como entidades independientes y relativamente autónomas. Y, finalmente, una visión humanista e historicista del marxismo, como la de THOMPSON, que se contrapone tanto al economicismo como al estructuralismo (GARLAND/YOUNG, 1983:23-29).
La razón que lleva a que el enfoque marxista no sea uno de los pilares en su concepción es su consideración en cuanto que las conclusiones que se derivan de cada uno de estos trabajos no se corresponden necesariamente con este tipo de pensamiento, sino que pueden también de derivarse, entre otros, de FOUCAULT. Esas conclusiones, las que rescata –aparte de los ya citados- de autores como HAY e IGNATIEFF, se centran en varios puntos. En primer lugar, en el hecho de que la penalidad (al igual que el aparato ideológico y de represión controlado por el Estado) desempeña una función en conflictos sociales para controlar el delito; mientras que las pugnas ideológicas, políticas y económicas moldean la definición del castigo y estructuran sus categorías. Por otra parte, en que la penalidad está íntimamente ligada a la esfera legal, por lo que el castigo contribuye a legitimar sus fines y efectos. Y, en que el castigo es un elemento fundamental de las medidas de política social y vigilancia para controlar a los pobres y manejar a los grupos problemáticos (GARLAND, 1999:158/159).
Tal vez, por esta comprensión de las consecuencias de los estudios de naturaleza marxista en la racionalidad foucaultiana, sea precisamente FOUCAULT uno de los pilares centrales dónde descansa la construcción de la teoría social del castigo de GARLAND. Circunstancia reflejada no sólo en la lectura de sus obras principales, sino también en varios de sus artículos en los que especialmente centró su mirada en el pensamiento del filósofo francés, más allá que en todos ellos haya una crítica seriamente meditada sobre sus conclusiones (GARLAND, 1986a, 1990, 1992, 1997, 1999a). En palabras de Stanley COHEN, él no sólo adopta su lenguaje, sino que lo traduce en una realidad histórica y política (COHEN, 1986:411). Su intención, al igual que con cada uno de los pensamientos en los cuales funda sus posiciones, es superar las observaciones que le realiza valiéndose de los aspectos positivos y así rescatarlos en pos de una visión más global. En función de ello, GARLAND entiende que el castigo debe requerir un marco de análisis más amplio, flexible y multidimensional que el sugerido en Vigilar y castigar, ya que considera que la sociología del castigo no es meramente una sociología del control y de la dominación (GARLAND, 1990:3).
GARLAND considera que el principal efecto del libro es presentar una nueva perspectiva de la sociología del castigo que tienda a desplazar las antiguas tradiciones de interpretación y a definir un nuevo enfoque para el estudio de la penalidad. Considera que la singularidad de FOUCAULT se encuentra en que identifica las relaciones de poder con los detalles íntimos de las medidas penales y en las prácticas que éstas adquieren, lo que brinda una mayor sensibilidad respecto a sus matices (GARLAND, 1999a:184-6). De esta manera, la relación entre castigo y poder es la base misma de la comprensión del castigo, el cual es descripto como una técnica de poder-saber la cual se la interpreta como un concepto instrumental y funcionalista (GARLAND, 1999a:194/5). En definitiva, para él, el castigo es más que un mero instrumento político de control (GARLAND, 1999a:207).
El otro pilar fundamental donde se asienta la concepción social de GARLAND sobre el castigo es su estudio sobre DURKHEIM; el cual le permitirá poner un límite respecto de la concepción foucaultiana, al sugerir por qué un análisis general del castigo tiene que explorar el complejo mundo de las sensibilidades culturales y de las mentalidades al igual que las estrategias racionales de las agencias de control (GARLAND, 1990:3/4).
Varias fueron las oportunidades en que GARLAND se ocupó específicamente en analizar la obra de DURKHEIM (GARLAND, 1983, 1990, 1999a y 1999b). Él considera relevante que en ésta, la perspectiva del castigo durkheminiana, se descubren aspectos importantes del complejo penal y se revelan dimensiones y dinámicas que de otra manera pasarían inadvertidas (GARLAND, 1999a:66).
Es que, tal como lo describe GARLAND, para DURKHEIM, la esencia del castigo no es la racionalidad ni el control instrumental, sino una emoción irracional, irreflexiva, determinada por el sentido de lo sagrado y su profanación. Es la expresión directa de la conciencia colectiva, lo que permite promover la solidaridad y la cohesión social (GARLAND, 1990:8/9). De esta manera, el castigo se convierte en un fenómeno moral que es a la vez un asunto de emoción psicológica individual y de moralidad social colectiva, que le permite comprender la vida moral de la sociedad y su forma de operar. Castigo que debería ser considerado como un intento ritualizado de reconstituir y reforzar las relaciones de autoridad existentes (GARLAND, 1999a:51, 65 y 103).
En otras palabras, la importancia de DURKHEIM radica en lo que se podría llamar semiología del castigo. Ya que éste opera en dos niveles: en el mundano de los comportamientos y de los efectos físicos, pero también, en el simbólico, al ser su trabajo un análisis sobre el sistema de signos que están alrededor de él (GARLAND, 1983:59). Lo que permite descubrir una dimensión importante de los procesos sociales del castigo: esto es, trasladar la atención de los aspectos administrativos y gerenciales del castigo hacia sus aspectos sociales y emotivos (GARLAND, 1999a:103). Este nivel simbólico, junto a la racionalidad instrumental foucaultiana, autorizará a GARLAND a establecer los límites de su teoría social del castigo.
En este sentido, cabe señalar que, en sus palabras, son estos dos niveles de análisis, el administrativo-gerencial y el social-emotivo los que, a su vez, dieron lugar al proceso de racionalización del castigo. En éste, aquellos profesionales en el área del castigo fueron los que terminaron por redefinir su significado (GARLAND, 1991b: 98 y 103-5).
IV.- El castigo como una compleja institución social:
A partir de estos dos pilares, el foucaultiano y el durkheminiano (uno racional e instrumental, y el otro, emotivo y social), es que GARLAND puede desarrollar una tercera concepción que combina las cualidades de las anteriores y descarta sus limitaciones. Lo que le permite, entonces sí, señalar cuál es su posición sobre el castigo. De esta manera, él sugiere que el moderno castigo es tanto una cuestión cultural como estratégica; en otras palabras, que es un ámbito de expresión de los valores y de las emociones como también un proceso de control. Así, el armazón a partir del cual arma su concepción sociológica del castigo está basado en la interpretación de los valores y sentimientos del conflicto social que están expresados e invocados en el castigo, al igual que en el diseño de las estrategias instrumentales del control penal (GARLAND, 1990:4).
En su concepción, el castigo es, para cualquier sociedad, un tema simbólico, ya que se vincula directamente con las raíces del orden social, al igual que posee un lugar prominente en la formación física y desarrollo individual de las personas. El castigo opera como un signo de la autoridad y es la materialización final de su fuerza, de naturaleza universal e indispensable (GARLAND, 1990:11).
GARLAND logra su propósito de construir su idea sobre el castigo, que sintetiza lo simbólico y lo instrumental, gracias al rescate, en su análisis, de la dimensión cultural que se encuentra presente en el fenómeno de la penalidad. El desarrollo de esta perspectiva es lo que le permitirá señalar, finalmente, que el castigo es una compleja institución social. Esta es la idea central que recorre su libro Castigo y sociedad moderna (GARLAND, 1999a)[3].

IV.1.- Las formas culturales y la penalidad:
La idea central de GARLAND es que el castigo debe ser entendido como un artefacto cultural, que encarna y expresa las formas culturales de la sociedad. De forma tal que las mentalidades y las sensibilidades culturales en las instituciones penales influyen en el castigo tanto como éste lo hace con aquellas. Así, entiende que para comprender la formación y el significado social de la penalidad es necesario construir un análisis cultural en el que se señale cómo éste se expresa y actúa en el ámbito penal, en tanto es la cultura la que determina los contornos y los límites externos de la penalidad (GARLAND, 1999a:227/8 y 230).
En su definición de cultura, GARLAND parte del análisis efectuado por el estudio antropológico de GEERTZ. Entiende por ella una dimensión de la vida social, en un contexto conformador de la acción social y penal. En su esquema analítico, la cultura abarca tanto los fenómenos de conocimiento denominados por él “mentalidades”, como aquellos relacionados con el afecto o la emoción: las “sensibilidades”. De esta manera, en la cultura se distinguen dos aspectos: por un lado, el cognitivo, que se refiere a todos aquellos conceptos y valores, categorías y distinciones, marcos de ideas y sistemas de creencias (las mentalidades) que se usan para construir el mundo y su representación ordenada y significativa; y, por el otro, el afectivo, esto es, las distintas formas de sentimientos y sensibilidades. Unos y otros se vuelven inseparables (GARLAND, 1999a:328/329).
El marco teórico que le permitirá sustentar su tesis es el llevado adelante por Norbert ELIAS, al definir éste cómo se fue desarrollando el proceso de civilización, el cual implicó –en la cultura popular- un aumento y diferenciación de los controles impuestos por la sociedad sobre los individuos, y un refinamiento de conducta y mayor nivel de inhibición psicológica en la medida en que las normas de conducta adecuadas se vuelven más exigentes. Parámetro psicológico que toma de FREUD y que, según GARLAND, no se aleja de lo estudiado por FOUCAULT sobre la disciplina y sus efectos (GARLAND, 1999a:254-7). Marco conceptual que rescata del análisis llevado a cabo por SPIERENBURG, al señalar éste cómo las condiciones de seguridad y el uso instrumental del castigo siempre estuvieron en tensión con las fuerzas culturales y psíquicas encargadas de poner límites claros en los tipos y extensión del castigo que se consideraba aceptable, de manera que la sensibilidad influyó claramente en la forma que se adoptaron los castigos (GARLAND, 1986b:316).
En este marco, GARLAND sostiene que el castigo se vuelve una encarnación práctica de algunos de los temas simbólicos, significados y formas específicas de sentir que constituyen la cultura. De esta manera, el castigo está conformado por amplios patrones culturales originados fuera de él, a la vez que genera sus propios significados, valores y sensibilidades que contribuyen, en cierta forma, a establecer el esquema de la cultura dominante. Así, la cultura es tanto “causa” como “efecto” de las instituciones penales (GARLAND, 1999a:290/291).
En función de todo ello, para GARLAND, el castigo es una institución comunicadora y didáctica, dado que por medio de sus políticas y declaraciones pone en efecto algunas de las categorías y distinciones con las cuales se da significado al mundo. Así, la penalidad actúa como un mecanismo regulador social en dos sentidos: regula la conducta directamente a través del medio físico de la acción social, al igual que regula la conducta con un método diferente de significación. Por lo que, la penalidad no sólo comunica significados acerca del crimen y del castigo, sino también acerca del poder, la autoridad, la legitimidad, la moralidad y muchas otras cuestiones (GARLAND, 1999a:293/294).
En definitiva, para GARLAND, el castigo es un complejo artefacto cultural que codifica, en sus propias prácticas, signos y símbolos de una cultura más amplia. Mas, lo que es importante a tener en cuenta es que esta visión es una propuesta metodológica: un modo de mirar que ayuda a tener acceso a los significados sociales implícitos de la penalidad. Lo que no debe olvidar el hecho de que el castigo también es una red de prácticas materiales sociales y de formas simbólicas, de manera tal que las instituciones penales son parte de una estructura de acción social y un sistema de poder, al mismo tiempo que un elemento significante dentro de un ámbito simbólico (GARLAND, 1999a:233/234).

IV.2.- La institución social del castigo:
Gracias a esta dimensión cultural del castigo, GARLAND logra superar las limitaciones de los paradigmas foucaultiano y durkheminiano, que en definitiva sustentan la estructura de su análisis, y así construir un concepto multidimensional sobre lo que debe ser el castigo.
De esa manera, en términos de NIETZSCHE, se logra un concepto del castigo a partir de la exploración de sus diversas dinámicas y fuerzas a fin de formar una imagen compleja de los circuitos de significado y acción dentro de los que funciona (GARLAND, 1999a:32). Así, en palabras de GARLAND, la penalidad debería verse como una institución social (y no como un tipo especial de acontecimiento o relación) en el que se encuentra involucrada una estructura compleja y una densidad de significados. Mientras que, por institución social debe entenderse aquel conjunto de prácticas sociales sumamente estructuradas y organizadas. Es el medio estable por el cual una sociedad maneja ciertas necesidades, relaciones, conflictos y problemas recurrentes de manera ordenada y normativa para que las relaciones sociales sean razonablemente estables y diferenciadas (GARLAND, 1999a:327/8).
Su concepción no tiene por objeto ser una síntesis de tradiciones, sino delinear un concepto de penalidad que se encuentre fundado en la multiplicidad de interpretaciones que muestre su interrelación (GARLAND, 1999a:331). Esto es, una metodología de estudio que logre condensar toda una trama de relaciones sociales y significados culturales. En palabras de GARLAND, “imaginar el castigo de esa manera significa cuestionar la autodescripción estrecha e instrumental que suelen adoptar las instituciones penales […], y sugerir una percepción con mayor conciencia social y carga moral respecto de los asuntos penales” (GARLAND, 1999a:336/337).

V.- La penalidad de la modernidad tardía: la cultura del control.
Este concepto del castigo no nos dice con claridad cómo es el castigo de hoy en día en nuestras sociedades. Una de las razones de ello, es que esta idea de penalidad no es más que una propuesta metodológica respecto a cómo debe entendérsela. Este vacío GARLAND lo cubre con su reciente libro The Culture of Control (GARLAND, 2001). En su análisis, la idea rectora respecto de la penalidad contemporánea es que la actual modernidad tardía es el producto de una transformación de una cultura (que se traduce en un proyecto o estrategia) del cambio social, a una cultura del (mero) control (ZYSMAN QUIRÓS, 2002:3).
Su trabajo no es un estudio específico sobre cómo debe ser estudiado el castigo legal, sino la explicación e interpretación a través de la elaboración de una historia del presente de un concreto conjunto de instituciones e ideas que conforman la penalidad de los últimos treinta años, y de las herramientas de la teoría social del castigo por él desarrollada, esto es, de las fuerzas sociales, culturales y políticas que la conforman. De esta manera, GARLAND entiende que el control que caracteriza la penalidad de la modernidad tardía fue moldeado gracias a dos fuerzas sociales producto de políticas conservadoras: la característica organización social de estos años y el mercado libre (GARLAND, 2001:vii-xi).
Así, una de las ideas centrales de su estudio es que el control penal que se reconfiguró en estos años es el resultado de opciones políticas y decisiones administrativas basadas en una nueva estructura de relaciones sociales influidas por unas nuevas sensibilidades culturales. Considera que se asistió a una reemergencia de sanciones punitivas y de una justicia expresiva una vez que declinó el ideal rehabilitador: el castigo volvió a ser, una vez más, un objetivo penal respetado y adoptado. A su vez, los aspectos simbólicos, expresivos y comunicativos de la sanción penal son abrazados por las nuevas filosofías normativas de la pena que buscan explicaciones racionales retributivas que expresen de la mejor manera las suposiciones culturales y los intereses políticos que ahora dan forma a la práctica del castigo. En este escenario, la prisión ha vuelto una vez más a transformarse. Ha pasado de ser una institución correccional discreta y declinante a un pilar del orden social contemporáneo masivo e indispensable (GARLAND, 2001:6-14).
En esta nueva cultura del control, GARLAND identifica dos estrategias que gobiernan la prevención del delito y su represión: el “compañerismo preventivo” (preventative partnership) y la “segregación punitiva”. La primera engloba todo una infraestructura de decisiones en las que el Estado y agencias no estatales coordinan sus prácticas en miras a prevenir el crimen y hacer sentir segura a la comunidad. Por su parte, la segregación punitiva opera tanto de una manera expresiva, en la que la balanza punitiva utiliza los símbolos de la condena y el sufrimiento para comunicar su mensaje, como instrumental, atendiendo a la protección del público y de los riesgos. Estrategia, esta última, populista y politizada en la que se da un lugar privilegiado a la imagen de la víctima, mas no a su punto de vista (GARLAND, 2001:140-143).
De esta manera, la penalidad creció como un tercer sector gubernamental, como un nuevo aparato de prevención y seguridad. Esta cultura del control penal se conformó, a entender de GARLAND, alrededor de tres elementos centrales: una recodificación del penal-welfarism, de una criminología del control y de un estilo económico de razonar (GARLAND, 2001:170-175). Así, se pasó a enfatizar el control en cada aspecto de la vida social, con excepción del ámbito económico que asistió a su desregulación, de forma que más y más controles fueron impuestos al pobre mientras menos y menos controles afectaron a las libertades del mercado. Los ideales de solidaridad terminaron siendo eclipsados por imperativos supuestamente más básicos: seguridad, economía y control, los que abandonaron las ideas de justicia social; de forma tal que el encarcelamiento sirvió tanto para expresar la satisfacción de sentimientos retributivos, como constituir un mecanismo instrumental para el manejo del riesgo y el confinamiento del peligro (GARLAND, 2001:195-199).
VI.- ¿Es posible otra penalidad?:
A lo largo de toda la obra de GARLAND se puede apreciar la aspiración en reflejar una esperanza: la de que otra penalidad es posible, no siendo necesario quedar determinado por una nueva “jaula de hierro” (GARLAND, 2001:204). Es más, llega incluso a afirmar que “es posible aspirar a influir en las luchas morales y culturales en el campo penal” (GARLAND, 1999a:289). Mas éste es el interrogante que, en cada uno de sus trabajos, se deja abierto. En ninguna oportunidad profundiza ni señala qué estrategias o mecanismos en concreto debieran llevarse a cabo, que no sean una mera enunciación que la lucha política y cultural es factible. Y, mucho menos aún, señalar cuál es la otra penalidad que considera que hay que buscar.
Tal vez la razón de ello sea que las investigaciones y el estudio de GARLAND sobre la penalidad y el castigo legal hayan estado siempre reservados a un ámbito, el de su comprensión a través de un método: el entender que el castigo es una compleja institución social, inevitable y trágica. Esto es, una expresión moral no meramente instrumental (GARLAND, 1999a:338).


VII.- Bibliografía:

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- BERNARD, Thomas J. (1989), “Book review: GARLAND, David (1985), Punishment and Welfare: A History of Penal Strategies”, en Contemporary Crises, 13 (1989); pp. 189-200.

- CAPPUCCIO, Emilio A. (2000), “Comentario a revista: Punishment & Society. The International Journal of Penology, Vol. 1, n° 1, Sage Publications, julio de 1999", en Nueva Doctrina Penal 1999/B; pp. 827-835.

- COHEN, Stanley (1986), “Book review: Punishment and Welfare: A History of Penal Strategies. By David Garland. [Aldershot: Gower Publishing Co. 297 pp.]”, en The British Journal of Sociology, vol. 26, 1986; pp. 409-411.

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- GARLAND, David (1985), Punishment and Welfare: A History of Penal Strategies. Aldershot: Gower.

- GARLAND, David (1986a), “Foucault’s Discipline and Punish: An Exposition and Critique”, en The American Bar Foundation Research Journal (Law and Social Inquiry), vol. 4, 1986; pp. 847 y ss.

- GARLAND, David (1986b), “The Punitive Mentality: Its Socio-Historic Development and Decline”, en Contemporary Crises, 10 (1986); pp. 305-320.

- GARLAND, David (1990), “Frameworks of Inquiry in the Sociology of Punishment”, en The British Journal of Sociology, vol. 41, n° 1, march 1990; pp. 1-15. Un extracto de este trabajo está publicado en THOMPSON, K. (ed.) (1996), Key Quotations in Sociology. Routledge. Publicado nuevamente, en SMART, Barry (ed.) (1995), Michel Foucault: Critical Assessments, Vol. IV. Routledge. Vuelto a publicar en MELOSSI, Dario (ed.) (1998), The Sociology of Punishment. Dartmouth.

- GARLAND, David (1991a), “Sociological Perspectives on Punishment”, en Crime and Justice, vol. 14, 1991; pp. 115-165.. Publicado posteriormente en, DUFF, Antony (ed.) (1994), Punishment. Dartmouth: International Research Library of Philosophy; pp. 453-503; y en ASHWORTH, A. y Von HIRSCH, A. (eds.), Principled Sentencing, Oxford: Hart Publishing.

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- GARLAND, David (1992), “Criminological Knowledge and its Relation to Power: Foucault’s Genealogy and Criminology Today”, en British Journal of Criminology, vol. 32, n° 4, 1992. Vuelto a publicar en SMART, Barry (ed.) (1994), Foucault: Critical Assessments, Routledge.

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- GARLAND, David (1999a) [1990], Castigo y sociedad moderna. Un estudio de teoría social. México: Siglo XXI (trad. B. Ruiz de la Concha).

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- GARLAND, David (1999c), “Punishment and Society Today”, en Punishment & Society: The International Journal of Penology, Vol. 1, n° 1, July 1999.

- GARLAND, David (2001), The Culture of Control. Crime and Social Order in Contemporary Society. Oxford: Oxford University Press.

- ZYSMAN QUIRÓS, Diego (2002), “Comentario bibliográfico: The Culture of Control. Crime and Social Order in Contemporary Society. David GARLAND. The University of Chicago Press/Oxford University Press, 2001, 307 pp.”, en elDial.com, Suplemento penal, www.eldial.com.ar/suplementos/penal/comentariobiblio.asp, del 5 de abril de 2002.



[1] Corresponde señalar que sus estudios tienen por delimitación el ámbito anglosajón (tanto el Reino Unido como los Estados Unidos de América).

[2] Con el fin de no distraer al lector en el cuerpo principal de este trabajo, cabe aclarar que el marco teórico o conceptual que lo sustenta está basado, por razones obvias, en la propia bibliografía de GARLAND. En este sentido, la breve investigación que precedió a la escritura de estas líneas, estuvo centrada tanto en sus textos, como en algunos comentarios aparecidos en ocasión de la publicación de sus trabajos. Un listado completo de su bibliografía puede ser consultado en: www.law.nyu.edu/faculty/profiles/pubs/garlandd_pubs.pdf . De ella, fueron tenidos en cuenta aquellos que se consideraron más relevantes respecto de la delimitación temática propuesta. Por último, en función de la naturaleza del trabajo emprendido, esto es, analizar la idea de castigo en el pensamiento de David GARLAND, ninguna hipótesis específica es planteada.

3 Cabe mencionar que una síntesis de este libro puede ser encontrada en su trabajo monográfico Sociological Perspectives on Punishment (GARLAND, 1991a).